Esta mañana,
aprovechando ese lujo (o desgracia) de no tener una ocupación definida hasta
después de comer, he salido a pasear por la calles de Valencia. He comprado el
periódico, he hecho la quiniela, he comprado tabaco y he salido a caminar. Me
encanta la sensación de caminar sin rumbo fijo (un paseo como los de antes) y
aunque soy una persona acostumbrada a poner banda sonora a sus paseos hoy por
problemas técnicos ajenos a mi, esa banda sonora ha sido el ruido de las calles
y sus gentes.
Lo cierto es
que tenía cosas que pensar, supongo que pararme un poco. Creo que a veces voy
demasiado rápido y me pierdo demasiadas cosas.
Por pura casualidad me he dedicado a observar los comercios de la calle Torn del hospital (calle que cruza ese parking, ese edificio, la biblioteca pública) etc… y no he podido dejar de fijarme en ciertos detalles. Una papelería y una tienda de electrónica han cerrado. La biblioteca ha modificado su horario: ahora cierra un par de horas para comer. Por todos lados cuelgan carteles de “Velluters sin prostistución” y justo al final de la calle hay una comisaría.
Me he quedado verdaderamente intrigado por esos carteles y he deambulado un poco a ver si encontraba explicación. Y vaya si la he encontrado. A menos de 300 metros de donde estaba hay una calle llena de gente; prostitutas en esquinas, clientes caminando de manera desinteresada y deteniéndose como de casualidad, gente que parece que sufre algún problema de drogas y un coche de policía parado como si la película no fuera con él.
A continuación he ido hacia una terraza cercana y me he pedido un café con leche. He abierto el periódico y me he encendido un cigarrillo. Como he dicho antes tenía demasiadas cosas que pensar y en ese momento he añadido una más. ¿Hay dinero para parkings y no para recuperar edificios históricos que simbolizan a nuestra Comunidad?, ¿Se recorta en bibliotecas públicas para que la gente no tenga dónde leer o estudiar? Y mientras tanto, otros problemas mucho más serios siguen ahí, aguantando contra viento y marea. Pero, ¿a dónde vamos?
RODRIGO






