Los comentarios animan a la señorita escritura

viernes, 23 de noviembre de 2012

Pero, ¿A dónde vamos?

  Esta mañana, aprovechando ese lujo (o desgracia) de no tener una ocupación definida hasta después de comer, he salido a pasear por la calles de Valencia. He comprado el periódico, he hecho la quiniela, he comprado tabaco y he salido a caminar. Me encanta la sensación de caminar sin rumbo fijo (un paseo como los de antes) y aunque soy una persona acostumbrada a poner banda sonora a sus paseos hoy por problemas técnicos ajenos a mi, esa banda sonora ha sido el ruido de las calles y sus gentes.
 
Lo cierto es que tenía cosas que pensar, supongo que pararme un poco. Creo que a veces voy demasiado rápido y me pierdo demasiadas cosas.

He llegado a Barón de Cárcer y me he metido por una calle peatonal que cruza una plaza nueva que ha sido fruto de la construcción de un parking y he pensado: que acierto. Pero a continuación he visto un edificio que data del año 1492 (El colegio del arte mayor de la seda) y está hecho una ruina. Ahí he pensado: no lo comprendo. La verdad es que llevo cierto tiempo sin comprender algunas cosas, pero hoy no es el momento ni el lugar para contar mi vida.

Por pura casualidad me he dedicado a observar los comercios de la calle Torn del hospital (calle que cruza ese parking, ese edificio, la biblioteca pública) etc… y no he podido dejar de fijarme en ciertos detalles. Una papelería y una tienda de electrónica han cerrado. La biblioteca ha modificado su horario: ahora cierra un par de horas para comer. Por todos lados cuelgan carteles de “Velluters sin prostistución” y justo al final de la calle hay una comisaría.

Me he quedado verdaderamente intrigado por esos carteles y he deambulado un poco a ver si encontraba explicación. Y vaya si la he encontrado. A menos de 300 metros de donde estaba hay una calle llena de gente; prostitutas en esquinas, clientes caminando de manera desinteresada y deteniéndose como de casualidad, gente que parece que sufre algún problema de drogas y un coche de policía parado como si la película no fuera con él.

A continuación he ido hacia una terraza cercana y me he pedido un café con leche. He abierto el periódico y me he encendido un cigarrillo. Como he dicho antes tenía demasiadas cosas que pensar y en ese momento he añadido una más. ¿Hay dinero para parkings y no para recuperar edificios históricos que simbolizan a nuestra Comunidad?, ¿Se recorta en bibliotecas públicas para que la gente no tenga dónde leer o estudiar? Y mientras tanto, otros problemas mucho más serios siguen ahí, aguantando contra viento y marea. Pero, ¿a dónde vamos?

RODRIGO

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