Camino de Mestalla. Parada obligatoria a comprar pipas y una botella de agua (la cerveza es más para los partidos nocturnos). Radio sintonizada y una especie de alegría por cumplir un ritual que llevo años haciendo. Aún recuerdo esos goles del Pipo Baraja contra el Español, o ese de Juan Sánchez con el pecho contra el Leeds. Recuerdo ganar al Madrid o al Barça, perder y recuerdo jugadores corriendo y siendo verdaderos profesionales del fútbol.
Soy aficionado, juego pachangas y me gusta el fútbol. Soy Valencianista y creo que se está destruyendo un club histórico. Todos escuchamos mil veces eso de -Quedabais terceros con Unai, ¿Qué más queréis?-. - Ahora le echareis de menos-
No podéis estar más equivocados. Lo que queremos es lo mismo que seguimos sin tener. No queremos ganar, perder, quedar terceros o novenos; QUEREMOS ESTAR ORGULLOSOS DE UNOS JUGADORES QUE DAN EL 100%.
El otro día sentí vergüenza en Mestalla. No porque me meta cinco goles la Real Sociedad (que también) sobre todo por la pasividad de los jugadores. Parecía que estaban pensando en acabar para poder irse a casa, cenar y aprovechar que era sábado para ir a algún local de moda a gastarse cantidades industriales de euros (con todos los consumos no sanos que ese gasto conlleva).
Miro con envidia sana al aficionado del Levante, Celta, Rayo, Zaragoza; a cualquiera en realidad. Esa gente que va al campo y anima a unos jugadores que sabes que te van a devolver esos aplausos con esfuerzo, honestidad y un respeto (porque el amor no se fabrica) por unos colores y unos sentimientos.
Ahora nos cambian de entrenador. No me da ningún consuelo. Dudo que esa panda de niñatos sepa representar a una institución que lleva en pie desde 1919. Ojalá me equivoque y en un futuro no muy lejano pueda hablar con orgullo de unos jugadores que tienen un gran potencial y sobre todo una suerte asombrosa. ¿Y si supieran de verdad la suerte que tienen? Ya basta de preguntas. Los Valencianistas necesitamos respuestas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario